Emmanuel Dor, dueño de un restaurante

Aunque son sólo las 9:30 de la mañana, cuando estacionamos frente al restaurante de Emmanuel Dor, ya lleva varias horas despierto cocinando. En Emma, su pequeño restaurante en el vecindario Pernier de Puerto Príncipe, a la hora del desayuno hay mucho trabajo, y Emmanuel y Chantel, su esposa, necesitan prepararse.

Mientras lo acompañamos a la parte trasera del edificio, a nuestro alrededor se forman remolinos de polvo. En los últimos seis meses ha habido una fuerte sequía en Haití y el suelo está completamente seco. Al llegar, Emmanuel nos muestra su cocina a la intemperie. El vapor de las cacerolas hirvientes asciende hasta fundirse con el polvo. Falta menos de lo que parece para el almuerzo.

Pero Emmanuel se toma el tiempo para llevarnos a la parte de adelante del restaurante y nos invita a sentarnos en unas sillas apoyadas en una pared color verde claro. Con el sombrero en mano, nos mira a los ojos y comienza a contarnos su historia.

Al principio creyó que no iba a necesitar préstamos. Ya tenía un restaurante y se ganaba algo de dinero criando y vendiendo animales. Con semejantes ingresos, ¿para qué pedir más dinero? Hasta que —confiesa con una sonrisa— se dio cuenta de que con un préstamo podía ganar aún más con su negocio.

“Con el préstamo me pude comprar un terreno”, nos cuenta radiante.

El primer préstamo que recibió fue de Sogesol, un socio de Acción, hace dos años. Lo usó para comprar ganado para el restaurante y un terreno para criar a los animales. Con los préstamos siguientes pudo comprar un automóvil que le resultó muy útil para hacer entregas a domicilio.

Emmanuel es un empresario habilidoso y ha aprendido las ventajas e inconvenientes de utilizar los préstamos para mejorar la vida propia y la de su esposa y sus dos hijos. Subraya la importancia de ganarse la confianza en su negocio. “Cuando prometo algo, lo cumplo”, nos dice. “Soy un cliente fiel”.

Se acerca un poco más y nos cuenta que un día, cuando acababa de recibir un préstamo de USD 25, de regreso a su casa lo asaltaron a punta de pistola y le robaron todo el dinero. Pese a este duro revés, pudo devolver el préstamo y se siente orgulloso de haberlo hecho.

“Nunca se da por vencido”, comenta Bayard, su agente de crédito.

Emmanuel lucha por su negocio y su familia. “Desde que empecé a trabajar con Sogesol, a mis hijos nunca les ha faltado dinero para pagar la matrícula escolar.”

Recuerda que cuando era joven y necesitaba algo, tenía que salir a la calle y valerse por sí mismo. Está armando su negocio para que sus hijos nunca tengan que pasar por lo mismo.

“Quiero allanarles el camino”, nos dice. Esa es la meta de Emmanuel.