Champa Devi, dueña de un puesto de té

Champa Devi tiene un negocio de té chai en una vía pública en las afueras de Patna, la capital y ciudad más importante del estado indio de Bihar. El tráfico de camiones, automóviles, carritos, motocicletas y peatones es incesante. La hora pico es el momento más ocupado del día. Sonríe cordialmente, consciente de sus visitantes extranjeros y de la cámara del fotógrafo, que la sigue mientras se desplaza con rapidez de un lado a otro de un mostrador rústico de madera sirviendo vasos de té humeante de una olla ennegrecida. Sus clientes, con posturas indiferentes pero mirada intensa, se sientan a lo largo del mostrador y en bancos.

Champa Devi enviudó hace cinco años. Su marido falleció inesperadamente camino al hospital tras quejarse de un dolor de estómago. Ella se encontró súbitamente de duelo y como único sustento de sus cuatro hijos. Vive con ellos, detrás del puesto de chai, con un ingreso mensual de entre 6.000 y 7.000 rupias (USD 100-115).

Para ganarse la vida debe trabajar duro. Empieza a las tres de la mañana para no perderse las ventas a los camioneros, que pasan a eso de las cuatro. Además de chai, vende platos de “nimki”, un palo de masa frita que es una merienda popular, a 15 centavos cada uno.

La vida es impredecible y ganarse el sustento es una verdadera lucha para Champa Devi. Sin embargo, se las ingenia para progresar. Esto se debe en gran medida a su sagacidad comercial y su trabajo arduo. Pero también reconoce el papel de Saija, una empresa de microfinanzas socia de Acción, que le ha financiado la compra de suministros básicos como té, azúcar, leche y combustible. Antes de recibir un préstamo de Saija, tenía que comprar estos productos todos los días. Ahora, su margen de ganancia ha aumentado gracias al ahorro de comprarlos al por mayor. Además, al aprovisionarse cada dos semanas, evita tener que alejarse de la tienda.

“No quiero que mis hijos continúen con mi negocio, quiero que avancen lo más posible en sus estudios. También quiero legarles buenas dotes a mis hijas para que puedan casarse bien.” Al alzar la vista desde el estrecho pasaje que separa su vivienda de la tienda, vemos que hay un segundo piso en construcción. Es un proyecto que avanza en forma intermitente mientras acumula ahorros. Ella y sus hijos esperan con ansia el espacio adicional. Champa Devi tiene muchos motivos para estar orgullosa.